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El Peligro de Juzgar por Defectos: Reflexiones Literarias

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En un apunte registrado en 1803, el poeta Samuel T. Coleridge planteó un principio crítico que sigue siendo relevante en la apreciación literaria actual. Según Coleridge, nunca se debe perder la oportunidad de razonar en contra de la tendencia a evaluar una obra por sus defectos en lugar de por sus virtudes.

Este enfoque, según el poeta, puede nublar el entendimiento y envenenar el corazón de quienes critican. Al juzgar una obra desde una posición de superioridad, el crítico se priva de la humildad y cae en la trampa de la soberbia, un defecto que en la tragedia griega era castigado por los dioses.

Coleridge insistía en que todas las obras tienen defectos, pero no todas poseen virtudes. La literatura está plagada de ejemplos donde incluso las obras más aclamadas han sido objeto de críticas, desde Lope de Vega hasta Nabokov. La controversia en torno a obras como «Don Quijote» y «Guerra y paz» ilustra cómo los juicios literarios pueden ser tanto subjetivos como arbitrarios.

Se argumenta que incluso obras consideradas perfectas, como «Madame Bovary», presentan incoherencias que han desconcertado a críticos a lo largo de los años. Esto lleva a la reflexión de que centrarse únicamente en los defectos de una obra es un acto vano que puede llevar a la ruina emocional del crítico.

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Coleridge también se permite añadir una cláusula: es injusto juzgar a los autores por sus obras menos destacadas, mientras que se eligen sus mejores trabajos como referencia para los clásicos. Esta perspectiva invita a los lectores a disfrutar de la literatura sin dejarse llevar por críticas negativas y a reconocer el valor de cada obra en su propio contexto.

En conclusión, el disfrute literario debería ser una experiencia personal y enriquecedora. Si alguien opta por nublarse el entendimiento y envenenarse el corazón a través de la crítica, esto es decisión de cada uno, pero siempre es recomendable hacerlo con una mente abierta y un corazón dispuesto a apreciar las virtudes de la literatura.

Fuente: La Nación

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