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Nikki: La mujer de 77 años que desafía las olas y la soledad en su velero

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Vivir en un velero durante más de cuatro décadas puede parecer un reto inalcanzable para muchos, pero para Nikki, de 77 años, es su vida cotidiana. Desde hace 44 años, esta navegante ha optado por la soledad en las aguas de Alaska, un estilo de vida que comenzó como una búsqueda de independencia y se ha transformado en una existencia autosuficiente.

Nikki realiza todas las tareas necesarias a bordo de su embarcación, desde reparaciones mecánicas hasta el mantenimiento de los sistemas eléctricos y de fontanería. Además, es responsable de un pequeño jardín que cultiva en su velero, lo que le permite vivir de manera más autosuficiente.

El inicio de una travesía personal

La aventura de Nikki comenzó en los años 80, cuando decidió dejar su trabajo y aprender a navegar en Big Lake, cerca de Anchorage. Poco después, adquirió un pequeño velero y se trasladó a Valdez. Aunque en sus primeras travesías contaba con compañía, pronto se dio cuenta de que depender de otros limitaba su libertad. Así, se comprometió a aprender todas las habilidades necesarias para navegar sola.

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Su decisión no fue bien recibida por todos, ya que algunos navegantes experimentados cuestionaron su capacidad para navegar en solitario. Sin embargo, Nikki utilizó las críticas como una fuente de motivación para demostrar su valía. Con el tiempo, se formó en mecánica, electricidad marina y otros aspectos técnicos que le permiten manejar su embarcación de forma independiente.

Un hogar en el mar

El velero de Nikki está adaptado a su estilo de vida singular, incorporando calefacción hidrónica, propulsión hidráulica y un sistema personalizado de almacenamiento de agua y combustible. También posee una máquina de coser, que utiliza para reparar sus velas y otros elementos esenciales de su vida en el mar.

Durante los meses de verano, Nikki navega por Prince William Sound, donde puede pasar semanas sin cruzarse con otra embarcación. Cuando necesita provisiones o realizar trámites, regresa a Valdez, su puerto base. A lo largo de los años, incluso convirtió su velero en un pequeño taller de costura, generando ingresos mientras se mantenía en el mar.

Un aprendizaje constante

A pesar de su vasta experiencia, Nikki asegura que sigue aprendiendo. Sus conocimientos sobre motores, electricidad y mantenimiento no provienen de la educación formal, sino de la práctica y la dedicación. Después de más de 40 años navegando, continúa explorando y enfrentando los desafíos que el mar le presenta, reafirmando su papel como «capitana, mecánica y electricista» de su propia vida.

Fuente: La Nación

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